Política infrarrealista

 

Por: Ghi Sandro Arreola Rodríguez

@Ghisandro

 

El infrarrealismo constituyó un movimiento literario (1975) conformado por jóvenes poetas, ajenos a la élite literaria y política de México. El reconocimiento de esa nueva corriente procede del extranjero y no tanto del país que vio nacer a esta veintena de poetas. Los infrarrealistas se articularon en una época en la que tal como señaló Roberto Bolaño, uno tenía que convertirse en un hijo de puta o seguir vivo.

 

Para ponernos en contexto, en la actualidad, un grupo de familiares y jóvenes normalistas rurales de Guerrero, acompañados de miles de mexicanos, han puesto en jaque al gobierno del PRI, mismo que dos años atrás presumía haber metido a la cárcel a Elba Esther Gordillo y pactó once reformas con el Partido Acción Nacional y el del Sol Azteca.

 

Omar García es uno de los estudiantes normalistas que encabeza las acciones de movilización de la comunidad y familiares de las víctimas en Ayotzinapa. A pocos días de los hechos, Omar García apareció en vivo en el programa de Carmen Aristegui y con un pródigo e infrarrealista valor, hizo un llamado a todos los mexicanos para conformar un Movimiento Nacional Civil y Pacífico.  

 

La organización de protestas y acciones globales son síntoma de una crisis de Estado que esperemos no desquicie más a los políticos y a sus gobiernos al grado de cometer otra locura. A los familiares y estudiantes víctimas de la violencia institucional, los acompaña en su lucha el alma y voz de millones de mexicanos que han muerto o desaparecido y exigen justicia desde las entrañas del dolor de sus familias. Esto hace a la protesta, legítima.

 

Las actuales tensiones en la estructura del poder de nuestro sistema político, permite que las juventudes mexicanas (con el respaldo de una parte del círculo rojo de México y del mundo) articulemos una protesta global que no parece estar dispuesta a pactar con las instituciones y que hace un llamado a la transformación del país sin incluir a los políticos (viejos y tradicionales) que forman parte del decrépito sistema.

 

A pesar de la astucia política que mostró el PRI para implementar su agenda en estos dos años, las acciones colectivas se han venido fortaleciendo sin que ellos puedan hacer algo para evitarlo. Nadie se hubiese atrevido a pronosticar que a dos años de gobierno, éste estuviera envuelto en una de las peores crisis políticas de nuestro país. El PRI se hunde y con él, el sistema político que nos heredó, ése que el PAN no pudo o no quiso transformar. El PRI quiere sepultar los resquicios de la Revolución, pero seremos sus herederos legítimos quienes comencemos a construir sin ellos o con ellos, un nuevo régimen democrático que cuente con las instituciones modernas que nos protejan de la muerte y la impunidad en los próximos 30 años para cuando seamos viejos.

 

En este contexto, las juventudes mexicanas hemos demostrado la capacidad para aprovechar las múltiples estructuras de oportunidad política que se están presentando en el país. Ante el desconcierto de la clase política, las juventudes necesitamos mantener las acciones colectivas y encabezar las protestas pacíficas hasta ver resueltas nuestras demandas. ¿Cuándo fue que nos dimos cuenta que la suma del valor de muchos mexicanos puede poner en jaque al mal gobierno?

 

¿Qué haremos con las reacciones del gobierno y para mantener el poder del movimiento pacífico y las acciones globales en su contra?

 

Además de defendernos, tenemos la obligación de resolver en un debate público, ¿qué propósitos compartimos y cuáles son nuestras diferencias, para poder coincidir en esta lucha que no se antoja sencilla?,¿cuáles son nuestras demandas?, ¿será acaso la construcción de una democracia más equitativa  hecha de instituciones más justas?, ¿qué las vuelve legítimas?

 

Para lograrlo, es indispensable mantener y seguir impulsando las acciones colectivas que nos permitan ir articulando un movimiento social con una agenda determinada en la que será necesario plantear cuáles y cómo serán las instituciones que nos permitan aprovechar al máximo la fuerza de México. Por ello resulta necesario que los intelectuales del país y medios independientes sigan pronunciándose a favor de llamar al debate público para construir una nueva agenda política que ponga un alto a la crisis humanitaria y política que vivimos en México.

 

En el mediano plazo, ¿qué instituciones se necesitan para resolver la actual situación y no seguir siendo víctimas de los malos gobiernos?, además de resolver en lo inmediato lo que haremos las juventudes con el poder del gobierno en nuestra contra.

 

Una vez definidos los propósitos es necesario plantear el tipo de política que se necesita para poder lograrlos, además de debatir cómo deben ser y actuar los nuevos políticos que los llevarán acabo. Una propuesta es hacer política infrarrealista. La política infrarrealista (así como el infrarrealismo del escritor chileno Roberto Bolaño y la veintena de poetas, los cuales se oponían a todo lo racional) debe erradicar la racionalidad del sistema político mexicano y plantear nuevos paradigmas de la política mexicana.

 

Hacer política infrarrealista será negarse a aceptar cualquier tipo de “moche”, no encubrir a servidores públicos corruptos, bajar los sueldos y privilegios de los servidores públicos. Una o un político infrarrealista reconoce que hay más fuerza en él, en la oposición y en las mayorías. No podrá imponer su voluntad a menos que cuente con el respaldo y convenza a la mayoría, siempre trabajará arduamente para construir una nueva República Democrática.

 

Se decía que “para el infrarrealismo más vale lamentar que prevenir”, así es como las juventudes de este México debemos lamentar antes que prevenir al gobierno, que nosotros somos quienes estamos transformando a  México y no ellos.