¿Y si renuncia Peña Nieto?: Alejandro Hermosillo

Autor: 
Alejandro Hermosillo

Siempre he pensado que en las diferencias siempre hay más puntos de unión que los que luego se ven a simple vista. Hoy lo compruebo al leer la aportación de César Iñíguez. Concuerdo ampliamente con la mayoría de sus observaciones respecto de la solicitada renuncia de Peña Nieto.

 

Coincido, no solucionaría el problema. Coincido también, es inaceptable su forma de enfrentar los problemas que pasa el país, huyendo hacia otro país, asumiendo discursos falsos que intentan hacernos sentir que todo está bien, cuando no lo está. Tratando de callar las voces de los que disidan de su forma de gobernar e incluso desacreditando cualquier opinión que no sea como la suya.

 

Solo hay algo en que no coincido con César. No tenemos por qué esperar a que terminen para que se vayan. Se nos ha creado (tal vez por conveniencia) una falsa idea de democracia. Donde sí, se nos dice que el poder está en manos del pueblo y que todos, en conjunto, decidimos quien nos va a gobernar, pero lo que no se aclara es que así como tenemos la capacidad de ponerlos, también podemos (o deberíamos poder) ponernos de acuerdo para removerlos.

 

El presidente al tomar posesión de su cargo protesta ante el Congreso de la Unión guardar y hacer guardar la Constitución y las Leyes, así como desempeñar su responsabilidad leal y patrióticamente, y nos recuerda “…y si así no lo hiciere, que la Nación me lo demande.”. Irónicamente en nuestro país no existen las herramientas para que, efectivamente, se lo demandemos.

 

Hoy es evidente a todas luces que el presidente no está cumpliendo ni con su encargo ni, mucho menos, con lo que en campaña prometió. En seguridad, empleo, educación y corrupción nos ha fallado. Y la Nación se lo está demandando. Se lo demandamos en los pocos y no oficiales espacios que nos hemos abierto. Se lo demandan los miles de estudiantes que han salido a manifestar pacíficamente su inconformidad con su forma de gobernar. Se lo demanda el hartazgo que se lee en las redes, que se escucha en las universidades, que se conversa en las familias, que se expone en los grupos empresariales, que se interpreta hasta en sus decadentes encuestas de popularidad.

 

Me encantaría que no creyeran lo que les digo. Y digo que me encantaría porque si pensaran que estoy equivocado, no tendrían miedo de enfrentarse a una consulta para someter a la ciudadanía si el presidente debe seguir o no. Se que saben que lo que digo es cierto. Se que están conscientes de que nos han fallado y que la mayoría ya no quiere esperar más para que esto cambie. No estoy pidiendo nada del otro mundo. En cualquier empleo esto ocurre, se te contrata y si no das los resultados esperados, te tienes que ir. El mismo Peña lo dijo en su primer día: “si no lo hago, que la Nación me lo demande”. Ahora que nos digan cómo podemos hacerlo, estamos listos.